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Revista Magriberia

UNA ESTRATEGIA NARRATIVA DE ENIGMAS EN EL LIBRO DE CUENTOS PÁJAROS EN LA BOCA DE SAMANTHA SCHWEBLIN:
“CONSERVAS”

Gabriela TORRES LÓPEZ
Universidad de Guadalajara


Resumen
En los cuentos del libro Pájaros en la boca, por medio de dilaciones, el enigma es el vaso comunicante que permite que fluya la inteligencia del lector hacia el texto y viceversa. Estos retrasos, a la luz del código hermenéutico de Roland Barthes, son aplazamientos por los cuales el enigma conduce al lector de una pregunta a una respuesta. Lauro Zavala designa como estrategia de reticencia aquella que oculta el sentido verdadero de lo que se dice en el texto y deja atrás de las palabras el significado real del mensaje.

Palabras clave: Enigma.- Barthes.- Zavala.- Estrategia. 

Introducción
Dado que todos los cuentos de Pájaros en la boca presentan cierta uniformidad en la aplicación de una estrategia que muestra claramente algunos hechos y esconde otros entre líneas, a todas luces es una invitación a perderse entre las preguntas y respuestas posibles en los textos. El enigma puede entenderse como una ruta en la que el lector no confía plenamente, un camino incierto que ha de dilatar el desenlace más de una vez. Su carácter de disimulo y camuflaje es evidente. Debido a la naturaleza inescrutable de los cuentos de este libro, la trama contiene en sí misma la posibilidad de una estrategia narrativa orientada a confundir al lector con la exposición intercalada de acontecimientos visibles y ocultos. Se dice lo que está ocurriendo en ese momento de la lectura, pero se omite lo que ya ocurrió: una situación desconocida se asoma entre los embrollos de la trama.

Barthes resalta la importancia de la utilización de recursos dilatorios en proporción a la intención de conseguir sentidos y significados diversos en el texto. Un texto no tiende a ser predecible si cuenta con elementos de suspenso y sorpresa, los cuales por medio de los recursos dilatorios habrán de “centrar, planear, formular, retrasar y finalmente, descifrar un enigma.” (Barthes, 1980:14)

Estos morfemas dilatorios, en cualquiera de sus cuatro versiones: engaño, equívoco, suspensión o bloqueo; son localizados en el cuento elegido para este análisis, ya sea uno, ya sea otro, apreciados después con base en el código hermenéutico, mismo que establece en el flujo del discurso retrasos con una estructura reactiva que a veces se detiene y otras, avanza sin pausa alguna (Barthes, 1980: 14). 

Lauro Zavala designa cuatro estrategias de reticencia: misterio, conflicto, tensión y sorpresa. Las tres primeras pertenecen al suspenso narrativo que genera incertidumbre en el lector ante la detección de la acción dramática con relación al desenlace de la narración, mientras la estrategia de sorpresa se ajusta mejor a la intención autoral de revelar súbitamente el secreto en algún momento de la trama. Los textos apoyados en este tipo de estrategias suelen presentar inicios que anuncian la presencia del conflicto o predestinan la intriga; la organización de los acontecimientos puede o no ser secuencial y el final puede corroborar las expectativas o dejar al lector sumido en la ambigüedad de muchas posibilidades. Al final, subsiste un elemento común y de ahí proviene el origen de su nombre: la reticencia. 

1. Un hilo conductor común: el enigma
El enigma no es un tema novedoso. En literatura, asociado en ocasiones a la narrativa policiaca, forma parte de una estrategia que invita al lector a participar en la elucidación de las preguntas fundamentales de la historia. En este género literario la carga enigmática se concentra en historias de crímenes (asesinatos, robos, estafas, desapariciones) por resolver, en la investigación del caso en cuestión y en los sospechosos involucrados en la trama. Desde el siglo XIX, dan cuenta de lo anterior, entre muchos otros, algunos cuentos de Edgar Allan Poe como “Los asesinatos de la calle Morgue” (1842) y “La carta robada” (1844); y también las colecciones de relatos de Arthur Conan Doyle, donde aparece su personaje detectivesco Sherlock Holmes. En Argentina y Uruguay, y ya en comunión con otros géneros literarios, la tradición del enigma como artificio en la escritura literaria existe ya fuertemente a principios del siglo XX. Dos ejemplos bastan para ilustrar esto: el cuento “Caballos de Abdera” del libro Fuerzas extrañas (1906) de Leopoldo Lugones y los relatos de El crimen del otro (1904) de Horacio Quiroga.

Por su cualidad de despertar interrogantes y expectativas, el enigma puede provocar suspenso, lo que corresponde a la actitud tensa y expectante producida en el receptor por efecto de la estructura del relato. La sorpresa, en cambio, si bien también genera expectativas, conduce a revelaciones intempestivas, muchas veces inesperadas, del enigma. Sea cual sea el caso, su carácter de disimulo y camuflaje es evidente. El desarrollo de la estrategia (de suspenso, de sorpresa) como una piedra preciosa que guarda en su interior lo mejor de sí misma, corresponde a la trama.

En este volumen, por medio de dilaciones con respecto al desenlace de los cuentos, el enigma enfrenta al lector a tramas escabrosas. Como si un titiritero manejara perversamente sus hilos, los protagonistas son llevados a situaciones absurdas, ante las cuales reaccionan de manera todavía más descabellada. La acción a su vez consta de acontecimientos entretejidos donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio. Es la presencia incomprensible e inacabada de las tramas de este libro, la que urge a quien lo lee a interactuar en pro de la culminación de las historias. Desde las primeras páginas, Pájaros en la boca tiene el poder de estimular la integración inmediata del lector, y su consiguiente actividad participativa. Este lector es. entonces, como lo dice Wolfgang Iser, un sujeto en proceso, en camino, a quien le sucede algo porque vive una experiencia completa, integral, donde busca abrirse a significados diferentes y posibles (El acto de leer, 1987: 182).

Si evidentemente la inclusión del enigma en la narrativa no es nueva, sí se trata en el caso de este libro de cuentos de una recuperación eficiente y atractiva del recurso como elemento central de una estrategia de reticencia que aplaza la revelación una y otra vez, que conduce al lector por caminos inciertos.

2. Una estrategia dilatoria de enigmas
A la técnica y conjunto de actividades destinadas a conseguir un objetivo se le conoce como estrategia; se relaciona directamente con palabras como “táctica”, “habilidad” o “pericia”. Hablar de estrategia se refiere al desarrollo y aplicación de ciertas maniobras para llegar a una meta previamente establecida. Esta definición general conduce a otra, claramente narrativa y literaria: “el conjunto de procedimientos y técnicas que articulan las relaciones entre el narrador, el universo de la historia y sus destinatarios implícitos. En suma, la estrategia narrativa constituye el acto de narrar” (Helena Beristáin, 2010: 355), el punto medular donde se concentran las decisiones autorales que responden a la pregunta ¿cómo? Es también el instante preciso en el que entra en juego la capacidad creadora para la elección de artificios y recursos estilísticos.

Es perceptible, después de sumergirse en los cuentos de Pájaros en la boca, que estos manifiestan cierta uniformidad en la aplicación de una estrategia determinada. En todos ellos, la relación del narrador con aquello que se narra aparenta seguridad y suficiencia, planeación y acuerdo. Este acuerdo parece tener entre sus postulados al ocultamiento como un recurso estratégico para encubrir significados y realidades en el texto. Es por eso que algunas veces la naturaleza de los cuentos está a la vista y en otras ocasiones tras las rigurosas telas de lo evidente. Lo anterior es sólo un punto de partida en el que convergen la acción de ocultar y cierta complicidad para con los lectores, los cuales participan en la dualidad de lo que está a la vista y aquello que se esconde. Para Zavala, este principio está basado en la indeterminación: la coexistencia de sistemas de verdad cerrados y sistemas abiertos a la ambigüedad y a la contradicción (1998: 14). 

Barthes establece un vínculo directo entre el enigma y la capacidad dilatoria de la reticencia:

“En la dinámica del texto el problema es mantener el enigma en el vacío inicial de su respuesta […], su estructura es esencialmente reactiva, pues opone al ineluctable avance del lenguaje un juego escalonado de detenciones:entre la pregunta y la respuesta hay todo un espacio dilatorio cuyo emblema podría ser la reticencia, esa figura retórica que interrumpe la frase, la suspende y la desvía.” (Barthes, 1980: 62)


Una estrategia de tal naturaleza implica textos intermitentes y por lo mismo, paradójicos. En estos, el enigma se mantiene irresoluto, en vilo, suspendido, detenido, a la vez que la narración acelera el desarrollo de la historia. 

Entre la expectativa y la revelación, se sitúan los recursos dilatorios. En ellos se distingue el carácter de ocultamiento de la verdad en el texto, es decir, la capacidad de mantener al enigma irresoluto. De una manera muy concisa, Barthes define cada una de estas herramientas narrativas: 

“Engaño: Especie de desvío deliberado de la verdad.
Equívoco: Mezcla de verdad y engaño.
Suspensión: Detención afásica de la revelación.
Bloqueo: constatación de la insolubilidad.”
(Barthes, 1980: 62)


Estos recursos o morfemas dilatorios tienen además la capacidad de provocar fascinación por medio del desvío de información, el falseamiento de la verdad, las detenciones y los enredos insolubles en un texto.

Las estrategias de reticencia propuestas por Zavala, por medio de estos artilugios, llevan al lector por un camino de ocultamientos, detenciones, ambigüedades, con la clara intención de esconder verdades al lector. La reticencia, como fuente de espacios incomprensibles en el texto, se encuentra en todos los cuentos del volumen, aunque se llegue a ella por medio de diferentes procedimientos. La siguiente gráfica puede servir para identificar estas diversas maneras de frenar al enigma y las estrategias relacionadas:



Para fines de este artículo, y con el fin de ajustar el presente artículo a la extensión debida, se analiza a continuación uno de ellos: “Conservas”, como una muestra de lo que el lector puede encontrar en el contenido total del libro. El cuento se revisa a la luz de una estrategia que guarda información, suspende acciones, esconde verdades en la enunciación misma. Este acercamiento se hace a través de un prisma esencial: el código hermenéutico. 

2.1. La información suspendida en “Conservas”
El relato hermenéutico está construido de acuerdo con la imagen que se desprende de la frase; esto implica participación por parte de aquéllos que leen y mientras lo hacen, interpretan y dibujan mentalmente lo derivado de esa combinación: lo que se dice y lo que está detrás de lo dicho. A veces no se trata de una frase, aquella oración incompleta que sugiere significados y apreciaciones distintas; en ocasiones se tiene a la vista un vocablo en solitario, como en el caso de este cuento.

El título conduce a diversas asociaciones con respecto a la historia; compuesto por una sola palabra, “Conservas” como sustantivo puede tratarse de un alimento sometido a un proceso especial que garantiza su inalterabilidad; como verbo, implica una detención en contra del transcurso del tiempo. El cuento “Conservas” anticipa, desde la palabra con que se enuncia, una narración que tiene que ver con el mantenimiento o cuidado de algo para evitar su degeneración gradual. Sugiere también la interrupción de un proceso normal de deterioro o desgaste por medio de un método específico.

El conflicto anticipado se deja ver desde el inicio: “Pasa una semana, un mes, y vamos haciéndonos a la idea de que Teresita se adelantará a nuestros planes” (Schweblin, 2010: 15). La función que desempeña esta primera oración es cardinal ya que inaugura una inquietud; no se trata solamente de un comienzo introductorio. Barthes resalta la importancia de una unidad narrativa destinada a inquietar en una historia que pretende mantener al lector en vilo, suspendido en un hilo de sospecha y vacilación que puede llevarlo por diversas rutas posibles. Para que la enunciación sea cardinal, “basta que la acción a la que se refiere abra (o mantenga o cierre) una alternativa consecuente para la continuación de la historia, en una palabra, que inaugure o concluya una incertidumbre” (Barthes, 2006: 15). Se puede observar que el comienzo en el cuento anuncia que el curso normal de los acontecimientos será violentado por la presencia de Teresita y así, expresado en tiempo futuro adquiere un tono de inevitabilidad: aunque no sea lo deseado, esas vidas habrán de ser afectadas por la llegada de un nuevo ser llamado así, Teresita. 

La primera persona es utilizada en plural para inmediatamente después pasar al singular en un párrafo clarificador: se trata de una pareja joven que sufre el impacto de un embarazo no deseado, cuyas consecuencias son el disgusto, la angustia, la aflicción, entre otras. El peso del tiempo es identificable desde el primer momento: una semana se convierte en un mes y por el tono de la enunciación se sabe que el tiempo pasa y sigue pasando. Es un cuento en movimiento en el que un reloj implícito parece llevar cuenta de las acciones; resulta difícil abstraerse del “tic tac” que cronometra la narración en horas, días, semanas, meses. Existe un estrecho vínculo entre los acontecimientos, el espacio y el tiempo en dos grandes momentos temporales de la narración: cuatro meses pasan normalmente y otros cuatro transcurren en reversa, como si el reloj caminara en sentido contrario. En una primera etapa, los hechos parecen seguir una ecuación de causa y efecto:

“Pasa una semana, un mes […] Manuel me alcanza la comida al sillón, a la cama, al jardín […] como si la culpa, o qué se yo qué cosa, lo obligara a cumplir con lo que espero de él. Pasa otro mes. Mamá también se resigna, nos compra algunos regalos y nos los entrega –la conozco bien- con algo de tristeza. El tercer mes […] mi cara, mis brazos, todo mi cuerpo, y por sobre todo la panza, están cada vez más hinchados. A veces llamo a Manuel y le pido que se pare a mi lado. A él en cambio lo veo más flaco. Además, cada vez me habla menos.” (Schweblin, 2010: 15-16) 


Como en algunos apartados de “Viaje a la semilla” de Alejo Carpentier, donde la percepción del personaje es proporcional a la inversión del tiempo, la protagonista de “Conservas” pasa por diferentes estados de ánimo según los cambios a los que su nueva situación la enfrenta; el transcurrir del tiempo, inexorable, se enuncia textualmente pero también se identifica en los hechos salidos de la rutina familiar: por ejemplo, los cuidados del marido Manuel, los regalos de la madre y la suegra, las muestras de curiosidad hacia aquello (evidentemente un niño) que va creciendo en su interior. De manera semejante, la narración en la obra de Carpentier parte del día de la muerte y avanza hacia el momento de la gestación, mientras el cuento de Schweblin inicia en el instante en que los personajes principales evidencian el hecho del nacimiento de Teresita como inevitable y camina hacia un minuto antes de la concepción de la misma. Es la verosimilitud en la trama lo que produce el efecto de credibilidad en el lector acerca de una regresión del tiempo que solucione los errores presentes: algo sin duda imposible de lograr en la realidad común, pero posible para la realidad ficcional en el cuento.

La estrategia narrativa de “Conservas” no intenta solamente entretener al lector con una simple alteración del orden cronológico de los acontecimientos, sino regresar estos al punto de partida con el fin de fusionar ambos universos en la historia: el hecho irreparable y la ruta hacia su restauración. Es un trayecto extrauterino pero que tiene estrecha correlación con el proceso interior. Lo que sucede en el cuerpo de la protagonista impacta su realidad exterior con matices claros y comunes a una realidad que bien podría ser nuestra. La expectativa producida en el comienzo se ensancha por tres páginas; los caminos a los que la inquietud primera puede llevar al lector son diversos pero limitados: una mujer embarazada en continua reflexión sobre su situación presente. Hay que decir que la cavilación obedece a la frustración de ambos, padre y madre, por encontrarse de pronto ante un hecho irrefutable (en apariencia) y en desacomodo con la programación existencial que tenían preconcebida. La pregunta podría ser ¿qué puede ocurrir ahora?

En una representación convencional de la realidad, como la que Zavala encuentra en el cuento clásico, la circunstancia de una pareja común y corriente está a la vista. La historia secreta, esa verdad que ha sido detenida desde el principio, corresponde a la segunda historia: el argumento auténtico que se mantiene secreto hasta que el narrador decide revelarlo. Es interesante observar, en un cuento de fabricación contemporánea, características combinadas en este sentido: se mantiene la tensión entre la historia visible y la oculta en un estado de suspenso en el que se ignoran las vicisitudes que habrán de resolver la historia. El espacio se describe, en esta primera parte, con un efecto de realidad que Barthes describe como aquél que es creíble, verosímil y que no despierta dudas para el lector (1987: 179-187). Esto ubica al cuento entre el cuento clásico y el uso del artificio del posmoderno.

En respuesta a la pregunta ¿qué puede ocurrir ahora? el cuento da un giro sustancial. Da comienzo una serie de eventos inesperados, todos ellos a partir de la decisión de la protagonista de buscar otra alternativa para salir de una realidad incómoda y notoriamente infeliz. Es así como desfilan opciones, desde un chamán hasta una comadrona. Por fin, una segunda etapa es inaugurada con la aparición de un personaje sustancial para la resolución de una trama que no obstante despierta preguntas y sospechas, se encuentra detenida en la consecución de hechos esperables: el doctor Weisman. La ambientación en la casa, revestida por una atmósfera de limpieza, orden, regalos, sabanitas de colores; se intercambia por un consultorio en el que el citado doctor indaga – como cualquier otro médico– acerca de los antecedentes familiares de la pareja y explica con cierto detalle un tratamiento que incluye (al estilo de un régimen para bajar de peso) un programa de alimentación, sueño, toma de medicamentos y ejercicios. Este movimiento en el cuento produce un efecto paradójico: por un lado, existe la posibilidad de que se trate de un procedimiento abortivo; por otro, hay indicadores que invitan a pensar en un proceso de contención, como cuando la protagonista dice “Tengo miedo.Temo que algo pueda salir mal y lastimemos a Teresita” (Schweblin, 2010: 26). Al analizar el desglose de sucesos que ocurren cuando el reloj interior del cuento da marcha atrás, es previsible el cambio sustancial en el itinerario de la lectura. La verdad secreta empieza a develarse y la expectativa toma personalidad polisémica: la revelación puede ser la vida, la muerte o un punto medio entre las dos:

“Al mes sigo progresando en la respiración consciente. Ya casi siento que logro detener la energía. Weisman dice que no falta mucho, que apenas hay que esforzarse un poco más. El segundo es, quizás, el mes de más cambios. Mi cuerpo ya no está tan hinchado, y para sorpresa y alegría de ambos, la panza empieza a disminuir. El tercer mes […] mamá pide acariciar por última vez la panza. Los días del último mes pasan rápido. La sensación es todo lo contrario a lo que se siente al emprender un viaje. No es la alegría de partir, sino la de quedarse.” (Schweblin, 2010: 23) 


La verdad es rozada, mas no revelada. Considero importante recordar el pensamiento de Barthes con respecto a la dinámica de un texto que encierra una verdad por descifrar:

“[…] es paradójica, se trata de una dinámica estática: el problema es mantener el enigma en el vacío inicial de su respuesta; mientras que las frases aceleran el desarrollo de la historia, el código hermenéutico ejerce una acción contraria: debe disponer en el flujo del discurso retrasos, revueltas, detenciones, desviaciones; entre la pregunta y la respuesta hay todo un espacio dilatorio cuyo emblema podría ser la reticencia.” (Barthes, 1980: 62)


El enigma se estructura según la expectativa y el deseo de su resolución. De ahí la naturaleza paradójica de la dinámica de “Conservas” que implica, desde el punto de revelación de la existencia de una historia oculta, una verdad por descifrar. Las oraciones anteriores aceleran el desarrollo de la historia mientras el código hermenéutico produce la acción inversa: detiene el flujo de la narración. La suspensión de esta verdad final, esa detención afásica a la que se refiere Barthes (Supra, 2.1), es el recurso dilatorio utilizado para conseguir un texto enigmático en “Conservas”.

En esta segunda parte, el texto detiene la resolución del enigma a través de frases hermenéuticas: “organismos infinitos en sus expansiones pero reductibles a la unidad diádica de sujeto y predicado” (Barthes, 1980: 63), donde el primero corresponde a la pregunta y el segundo, a la develación de la verdad y al fin del relato Al llegar al cuarto y último mes de la retrocesión, la verdad es otra vez suspendida con anuncios de las sensaciones de la protagonista: tiene náuseas, el estómago le arde, está mareada, siente miedo, le tiembla el cuerpo, sufre arcadas que la dejan casi sin aire: “Entonces siento algo pequeño, del tamaño de una almendra. Lo acomodo sobre la lengua, es frágil” (Schweblin, 2010: 27). El que todos los síntomas confluyan ahora en algo tangible sugiere la posibilidad cercana del desenlace. La palabra “almendra” tiene mucho que ver con lo que puede significar para el cuento; resalto la fuerte relación con el cuento infantil “Almendrita” de Hans Christian Anderson, en el cual una pequeña niña, al nacer, cumple las expectativas de los que la rodean. Numerosas posibilidades de interpretación surgen de un hecho aparentemente insignificante para la historia. En la siguiente definición se puede apreciar el estrecho vínculo entre el enigma, el intercambio de sentidos y el código hermenéutico:

“En el continuo intercambio entre el sentido literal y el sentido adquirido en la unidad formal, el enigma no sólo se presta a una hermenéutica inagotable, sino que puede enriquecerse en el curso de la evolución del lenguaje con aportaciones nuevas y puede manifestar los diversos sentidos encerrados en los términos que lo componen.” (Diccionario Akal, 1998: 502) 


Es entonces cuando con un final sorpresivo propio del cuento clásico, “Conservas” revela por fin la verdad suspendida: “Entonces Manuel me acerca el vaso de conservación y al fin, suavemente, la escupo” (Schweblin, 2010: 27), logrando así cerrar un círculo perfecto entre el inicio y el final de un texto que fluye entre dos composiciones: una estrategia de suspenso por la detención de la acción dramática con relación al desenlace de la narración; y de sorpresa, por la revelación inusitada en el desenlace. Con referencia a la gráfica sobre los planteamientos de Zavala, el análisis del cuento “Conservas” me sugiere a su vez la siguiente, en la cual se aprecia la suspensión como recurso dilatorio. 




Conclusiones
Como se pudo observar, en el cuento “Conservas”, la estrategia de reticencia transita entre la sorpresa y la tensión; ocurre un desenlace inesperado que ha sido detenido por el narrador con el uso de la suspensión: la detención afásica de la verdad final en el cuento, el secreto. La dilación en el conocimiento de la verdad se refuerza por una mecánica de comunicación ininteligible, actos incomprensibles, reacciones inesperadas, como si entre pregunta y respuesta se abriera un abismo, como si la ecuación condicionante de acción y reacción estuviera desvinculada.

“Conservas”, desde el título, invita al lector a participar en una trama de preservación, de detención en el paso del tiempo. Barthes resalta la importancia de una unidad narrativa destinada a inquietar en una historia que pretende mantener al lector en vilo, suspendido en un hilo de sospecha y vacilación que puede llevarlo por diversas rutas posibles. Una sola palabra inicia el pacto literario entre el lector
y el narrador de este cuento. Un pacto literario donde los eventos son imposibles para una realidad planteada, pero posibles en la realidad ficcional. El lector está constantemente invitado a elaborar predicciones sobre la historia y, como en los casos anteriores, por medio de dilaciones y retardos se queda al final con el sabor incompleto de un cuento enigmático que pone en sus manos la interpretación y la conclusión de una historia singular. 

Como muestra basta un cuento. El enigma implica al lector en la maniobra creativa de los cuentos, y el involucrarse puede llevarlo al incierto estallido del goce o a la plenitud del placer. El libro de cuentos Pájaros en la boca es una propuesta para fijar la mirada en la incógnita, en el jeroglífico, en el misterio profundo del enigma. Un llamado a aquellos lectores ávidos de encontrar una narrativa arriesgada y enigmática, en la que su participación no solo será necesaria, sino indispensable para lograr el vínculo perfecto de comunicación con el texto. Un lector, sin lugar a dudas, temerario, amante del suspenso y de la sorpresa, de la duda y de la revelación. Porque ya se ha visto, mientras avanza la lectura, la presencia esquiva y escurridiza del enigma es constante: el rostro sibilino de lo inescrutable. Un lector que guste de tramas intensas y provocadoras es el que ha de acercarse a estos cuentos y, en una fusión gloriosa del que mira y es mirado, conseguirá vivir la experiencia completa e integral a la que se refiere Iser. 


Bibliografía
BARTHES, R. (1980). S/Z. México: Siglo XXI Editores.
---. (1987). El susurro del lenguaje. Tr. C. Fernández Medrano. España: Paidós
Comunicación.
---. (2006). En Introducción al análisis estructural de los relatos de Análisis estructural del
relato. 7ª ed. México: Ediciones Coyoacán.
BERISTÁIN, H. (2010). Diccionario de retórica y poética. 9ªed. 2ª reimpresión. México:
Editorial Porrúa.
ISER, W. (1987). El acto de leer. Teoría del efecto estético. Madrid: Taurus.
SCHWEBLIN, S. (2010). Pájaros en la boca. Oaxaca: Almadía.